El consumo de carne vacuna sigue en baja y preocupa al sector ganadero patagónico

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El secretario de Ganadería de Río Negro, Tabaré Bassi, confirmó que la disminución del consumo de carne vacuna en Argentina ya tiene consecuencias en la producción patagónica y advirtió que la situación afecta a toda la cadena ganadera.

En declaraciones radiales, explicó que el consumo de carne bovina pasó de alrededor de 49 kilos por habitante por año a unos 47 kilos, una caída cercana al 10%, tendencia que también se refleja en las provincias del sur.

Según detalló, la menor demanda provoca dificultades para comercializar el ganado terminado y repercute en las etapas previas de producción. Como consecuencia, productores de la región volvieron a vender terneros hacia provincias como La Pampa y Buenos Aires, una situación que, aseguró, no se registraba desde hace unos 15 años.

Bassi atribuyó este escenario principalmente a la pérdida del poder adquisitivo de la población, que llevó a muchas familias a reemplazar la carne vacuna por alternativas más económicas.

«Hoy los argentinos consumen prácticamente la misma cantidad de carne de pollo que de carne vacuna, algo histórico para nuestro país», señaló. Además, destacó el crecimiento sostenido del consumo de carne porcina, que pasó de unos 5 o 6 kilos por habitante al año a cerca de 20 kilos.

El funcionario sostuvo que, si mejora la situación económica, es esperable que vuelva a crecer el consumo de carne vacuna, aunque remarcó que Argentina mantiene uno de los niveles más altos del mundo en consumo total de proteínas de origen animal, con entre 115 y 120 kilos por habitante al año.

Por otra parte, se refirió al impacto de la barrera sanitaria patagónica. Explicó que los frigoríficos del norte del país cuentan con una estrategia basada en la exportación que les permite colocar parte de su producción en mercados externos y vender el resto en la Patagonia. En cambio, los establecimientos patagónicos, orientados principalmente al mercado interno, encuentran mayores dificultades para absorber la caída del consumo, lo que termina afectando la actividad ganadera de la región.