El sociólogo de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Pablo Alabarces, aseguró que no existe una campaña organizada contra Argentina tras la final del Mundial 2026 y sostuvo que la repercusión internacional responde principalmente a la lógica de las redes sociales, donde los discursos de odio y las polémicas tienden a viralizarse con mayor rapidez.
En diálogo con Radio con Vos Neuquén, el especialista consideró que hablar de una «campaña antiargentina» es un error y explicó que lo que existe es una amplificación de determinados mensajes a través de las plataformas digitales.
«No hay tal cosa como una campaña antiargentina. Lo que sí puede haber es un fenómeno de multiplicación en redes, donde el odio circula y se reproduce mucho más rápido que otros mensajes», señaló.
Alabarces también cuestionó el uso político de ese concepto y recordó que la expresión «campaña antiargentina» fue utilizada durante la última dictadura militar para deslegitimar las denuncias por violaciones a los derechos humanos.
En ese sentido, consideró que responder con consignas nacionalistas como «nos envidian» o «el mundo habla de nosotros» contribuye a alimentar una narrativa equivocada y sostuvo que Argentina no ocupa un lugar central en la agenda internacional por fuera de figuras como Lionel Messi o Diego Maradona.
Respecto de las acusaciones de racismo que circularon tras la final del Mundial, el sociólogo afirmó que Argentina no puede compararse con países que históricamente desarrollaron sistemas de segregación racial, aunque advirtió que sí existen expresiones discriminatorias que deben ser discutidas.
Según explicó, el país enfrenta problemas vinculados al trato hacia los pueblos originarios, la población afrodescendiente y algunos discursos promovidos desde sectores políticos, por lo que consideró necesario reconocer esas situaciones sin caer en generalizaciones.
Alabarces también señaló que muchos países que cuestionan a Argentina atraviesan problemas mucho más profundos en materia de racismo y xenofobia, aunque sostuvo que eso no exime al país de revisar sus propias prácticas.
Finalmente, llamó a evitar interpretaciones conspirativas sobre lo ocurrido tras el Mundial y planteó que el debate debería centrarse en combatir los discursos de odio, tanto dentro como fuera de Argentina.


