Dolor lumbar: por qué cada vez más personas lo sufren y qué factores influyen

El dolor lumbar es una de las consultas frecuentes en el ámbito de la kinesiología y, según explicó el docente e investigador Germán Tarcaya, entre el 75% y el 80% de las personas tendrá algún episodio de dolor lumbar a lo largo de su vida.
Durante una entrevista en el marco de unas jornadas de kinesiología y fisiatría realizadas en la UFLO, Tarcaya aclaró que ese porcentaje no significa que todas esas personas desarrollen dolor crónico. En este último caso, señaló que la proporción pasó de alrededor del 20% de la población hace una década a cerca del 25% en la actualidad.
Según estimó, si se mantienen las mismas tendencias, el dolor lumbar crónico podría alcanzar al 30% de la población en los próximos diez años.
Una combinación de factores
Tarcaya explicó que las causas del dolor lumbar son multifactoriales y están vinculadas, en buena medida, con los hábitos cotidianos.
“Hoy las personas están padeciendo más dolor”, sostuvo, y mencionó entre los factores el descanso insuficiente, la alimentación desordenada, la falta de actividad física, una hidratación inadecuada y el estrés.
En ese sentido, cuestionó la idea de que una mala postura o un movimiento puntual sean necesariamente los principales responsables de una lumbalgia.
“Las posturas, cómo se agacha para levantar peso, son cosas bastante poco importantes en relación a todo lo que hablamos previamente”, explicó.
La preocupación también forma parte del problema
El investigador señaló que muchas personas que consultan por dolor de espalda llegan preocupadas porque consideran que la columna es una zona especialmente frágil del cuerpo.
Sin embargo, remarcó que tener algún episodio de dolor lumbar a lo largo de la vida es algo frecuente. Por eso, planteó que uno de los primeros objetivos de los profesionales de la salud debe ser brindar información y tranquilidad, además de evaluar qué intervención necesita cada paciente.
Entre las herramientas que pueden utilizarse mencionó la terapia manual, los masajes, técnicas articulares y el ejercicio, aunque destacó la importancia de revisar también los hábitos y las barreras que pueden dificultar una mejora.
¿Cuánto influye el celular?
Consultado por el uso de teléfonos celulares, Tarcaya relativizó la idea de que mirar una pantalla con el cuello inclinado sea, por sí solo, una causa directa del dolor.
Según explicó, el problema está más relacionado con permanecer durante mucho tiempo en una misma posición. En ese sentido, señaló que las personas ya mantenían posturas similares al leer diarios o libros mucho antes de la aparición de los teléfonos inteligentes.
Para el especialista, uno de los principales efectos de las pantallas está relacionado con el descanso y el estrés. El uso del celular antes de dormir puede afectar la calidad del sueño y, al mismo tiempo, convertirse en una fuente adicional de preocupaciones.
“Le echaría más culpa a la pantalla que por las posturas”, resumió, en referencia a ese impacto sobre el descanso y los niveles de estrés.
Dormir y sentarse: no existe una única postura correcta
Tarcaya también se refirió a dos cuestiones habituales entre quienes padecen dolor de espalda: la posición para dormir y el colchón.
Explicó que no existe una única postura correcta para dormir. Algunas personas descansan boca arriba, otras de costado o boca abajo, y mientras esa posición permita levantarse con sensación de descanso, no necesariamente hay que modificarla.
Lo mismo ocurre con la forma de sentarse. Según señaló, cambiar de posición y evitar permanecer durante largos períodos en una misma postura resulta más importante que encontrar una única manera “correcta” de sentarse.
También relativizó la influencia del colchón. Consideró que puede ser un factor, pero que comprar uno más caro no garantiza por sí solo una mejora si no se acompañan otros aspectos como la actividad física, la alimentación, el descanso y el manejo del estrés.
Para Tarcaya, el aumento del dolor crónico también plantea un desafío para el sistema sanitario. Consideró que, además de formar mejores profesionales, es necesario que los pacientes tengan más información sobre sus propias dolencias.
“La educación es la herramienta más potente que tenemos para mejorar el sistema sanitario”, sostuvo.


