Desinformación y guerra: ante la duda, no compartas

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 Por Matías Enríquez

Con un sonido en el que hay escasez de nitidez se aprecian imágenes de un lanzamiento de misiles que caen sobre la capital Kiev. Apenas después circula un video de explosiones en una zona industrial en alguna ciudad de Ucrania. Al rato llegan imágenes del presidente de dicho país, Volodimir Zelenski tomando las armas en pleno parlamento. Todos estos hechos circularon en nuestros teléfonos apenas comenzó el conflicto bélico que nos tiene a todos shockeados, imaginando que este tipo de guerras eran más propias del Siglo XX que de estos tiempos modernos que vivimos.

No todo lo que vemos es cierto

El primer video citado no fue de febrero de 2022 sino de mayo de 2021 y se enmarcaba dentro del conflicto entre Palestina e Israel. El segundo ejemplo era efectivamente una explosión en una zona industrial pero en Tianjin (China), a 6.558 km de Kiev. Y, por último, quizás el caso más curioso, efectivamente el presidente de Ucrania tomó las armas y disparó frente a un Parlamento, pero en el marco de una ficción como lo fue la película Sluga Naroda 2.

Desde ambos bandos se han lanzado dardos de desinformación que están jugando un papel trascendental en el conflicto, como herramienta de esta guerra híbrida. En ese sentido, el presidente ruso, Vladimir Putin ha construido una narrativa para justificar su entrada en la guerra, como un “protector” de los ucranianos y del pueblo que padece la intimidación y el genocidio del régimen de Kiev. Esto ciertamente llama la atención dado que el presidente Zelenski llegó a la presidencia por el voto de los ucranianos cuando, en abril de 2019, derrotó al ex presidente Poroschenko. Esa liberación sumada a la “desnazificación” que habla Putin construyeron una usina de desinformación que ha dado presuntos motivos suficientes para invadir Ucrania.

La guerra por otros medios

Los diferentes investigadores sobre temas de desinformación señalan dos grandes escenarios en donde prolifera con mayor vehemencia el contenido falso: uno de ellos es el escenario electoral, en el cual la información falsa circula desde los propios candidatos como así también desde las operaciones de prensa de los diferentes medios simpáticos o críticos de los poderes de turno; y el otro es el período de crisis, dentro del cual podemos enmarcar las crisis sociales, económicas, sanitarias como la del covid y en este caso, bélicas. Muchos sostienen que la peor arma de la guerra es la guerra de la desinformación e indudablemente que puede llegar a serlo, incluso para aquellos que están bajo el asedio de otra nación en el territorio comprometido por el conflicto bélico.

Frenar la desinformación

La advertencia es tan importante como necesaria. Al igual que frente a otras noticias que recibimos, es imperioso constatar los hechos que nos envían con otras fuentes de información para no caer en las peligrosas redes de la desinformación. Si uno piensa que reenviar un video a un amigo sobre algo que ocurre a miles de kilómetros de nuestro país no ocasiona daño alguno, se equivoca. En períodos de guerra las imágenes que circulan son fulminantes, como la reciente imagen -en este caso, sí verídica- del tanque ruso que aplastó un automóvil civil en Kiev (N. de R: según se informó, la víctima salió con vida milagrosamente). Esas imágenes tienen un impacto emocional inmediato en las personas.

Indudablemente que hay varias recomendaciones y consejos frente a esta situación de crisis que es bueno tener en consideración para no ser actores fundamentales en la proliferación de contenidos desinformativos. Como recomienda el equipo de Proyecto Desconfío, frente a todo video o foto que recibamos debemos analizarlo con minuciosidad porque puede que esa imagen o grabación no tenga nada que ver con el suceso en cuestión, como ocurrió con algunos de los ejemplos mencionados con anterioridad. En momentos de crisis, este tipo de desinformación es más frecuente de lo que uno puede llegar a pensar.

“No lo reenvíes”

Por otra parte, tal como sostuvo el periodista Roberto Escardó en una capacitación contra la desinformación que brindó FOPEA el año pasado, en donde recalcó que la mejor manera de combatir la desinformación es “no propagarla más”, debemos estar en alerta. Ante la duda es mejor verificar si ese contenido es realmente verídico, por lo menos, verificando si figura en algún medio de comunicación que cada uno considere creíble.

Es esencial comprender que muchos medios y personas que desinforman suelen apelar a lo emocional sin brindar ningún tipo de referencia a datos o hechos concretos. Si bien son situaciones dramáticas las que se viven en el conflicto del este europeo, es imperioso hacer una pausa y analizar lo que nos envían, porque muchas veces se apela a informaciones fuera de contexto para tratar de que caigamos en la trampa y así seguir tejiendo las redes de la desinformación de manera involuntaria.

La dieta informativa

Ante este tipo de conflictos se sugiere siempre elegir bien cómo nos informamos. A diferencia de otros tiempos donde teníamos que esperar hasta que algún periodista o especialista en el tema escriba en un medio o esté al aire en radio o TV, hoy tenemos la posibilidad de seguirlos a través de sus redes sociales, en donde (y más aún en estos casos) suelen estar las 24 horas conectados y difundiendo las diferentes novedades sobre los hechos. Esa posibilidad debe ser aprovechada por nosotros como consumidores para poder tener garantizado un acceso a la información creíble, seria y profesional.