No solo de hambre mata la pobreza

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 Por Nieves Villanueva

«La gente se va a morir de hambre y va a hacer algo para no morirse» y «si la gente no llegara a fin de mes ya se hubiera muerto», dijo esta semana el presidente Javier Milei con una insensibilidad preocupante.

La mitad de las personas que habitan este suelo argentino vive bajo la línea de la pobreza; algo que suela inadmisible en un país rico que tiene petróleo, campos y mares.

Pero volviendo a las declaraciones de Milei cabe señalar que morir por pobre no solamente se debe a no comer. Benjamin tenía 5 años, vivía en la Colonia Rural Nueva Esperanza y era pobre. Su familia era pobre y no podía garantizar algunas comodidades habitacionales como por ejemplo el acceso al gas para calefaccionarse. Su casa se incendió y Benjamín murió; no de hambre; pero sí de pobre.

En una provincia productora de gas es casi una ironía que las familias de La Meseta deban usar conexiones eléctricas inseguras para pasar el invierno. Las y los vecinos del chiquito hicieron oír su voz reclamando una vez más la regularización de sus terrenos y el acceso a servicios formales. Igual es tarde, Benjamín ya no está.