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Todo cambia, incluso el vacío

Por Matías Enríquez
Por Matías Enríquez

Es la historia de transformación más fascinante de los tiempos modernos. Se trata de una obra literaria excelsa, de un guion inimaginable que ni el mejor director de cine podría escribir, de una conjugación perfecta que da resignificación y peso al valor del camino. Es la historia de alguien que estaba lleno y se fue vacío y de varios argentinos que estaban vacíos y quedaron completamente llenos. Es la historia del más grande futbolista de todos los tiempos: Lionel Andrés Messi.

A fines del mes de agosto, en su carta escrita a puño y letra –con la ironía de hacer esto en tiempos de digitalismo excesivo– dejó en claro que su sello en el fútbol se trató de algo distintivo, único, irrepetible quizás. “Amo, amé y amaré siempre estar en la Selección. Me vacié, ya no tengo más para dar (…)” escribió en esa ocasión, agregando un “aparte vienen chicos muy grandes atrás que merecen estar”. Quizás aquí resida un detalle que poco se reconoce de Messi, pero que se puede constatar mirando sus festejos de goles en algunos de los homenajes recientes. El clásico festejo hacia el cielo solía venir acompañado de una cómplice búsqueda al compañero que asistió en la jugada, con la mirada y sus dedos señalando, reconociendo el imprescindible valor del otro para sus logros. He aquí su primer sello de legado: la suma de las partes por sobre el individualismo.

Pero de esa sensación de “vacío” se trata la cosa. De ese vacío con el que se fue pero de ese mismo vacío que él sintió cuando en 2016 entendió que los dados estaban echados contra su destino en la Selección. De un tipo que brillaba en su club y tenía todos los máximos galardones en tierras extranjeras. De un “toro en su rodeo pero torazo en rodeo ajeno”, como decía José Hernández en el Martín Fierro. Es ese mismo vacío que muchísimos argentinos sintieron en sus corazones al ver que “allá era el mejor y acá no hacía nada” o algunas otras injustificadas afirmaciones. Esos testimonios suyos con la voz partida, diez años atrás, que mostraban la vulnerabilidad y un camino trunco en la búsqueda de un éxito que no llegaba y que tardó mucho en llegar.

Ese momento bisagra de 2016 no fue aleatorio. Ese Messi de 29 años, teñido de un rubio inconfundible, pensaba que su final ya estaba escrito pero el Messi posterior volvió y transformó completamente el significado de su historia, de la nuestra y del fútbol en su totalidad. Todo cambia, incluso el vacío que él sintió. Quizás fue ese vacío, en ese incomprensible momento, el que devino en esta leyenda inolvidable, que pudo cumplir con su objetivo de obtener todos sus títulos. Quizás no eran necesarias pero revalidó cada una de sus credenciales, en la historia de perseverancia y superación más linda de todas, dejando en claro también la transformación del fútbol en un deporte más justo con la obtención en Qatar 2022.

Esta hermosa historia trata del cambio, de la percepción incluso de aquellos que lo despotricaron y agredieron como nunca, cayendo en la simpleza de comparaciones insulsas y hoy se reconocen rendidos a sus pies. “Cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo” relata la inconfundible voz de Mercedes Sosa en uno de los temas más exquisitos de su repertorio. Una de esas melodías distintivas de la tucumana que, entre otras cosas dice: “cambia el rumbo el caminante, aunque esto le cause daño, y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño”. Como pasó con Messi, con su cambio interno y del cambio de otros también trata la historia de este animal deportivo.

Se retira el mejor de los nuestros, el mejor de toda la historia. Ya no tendremos ese 10 que desafiaba desde su atrevimiento deportivo, que nos demostró a sus 39 años que viejo es el tiempo y todavía sopla bien fuerte, con una actuación inolvidable en el último mundial 2026. Sus lágrimas allí, en la derrota y el triunfo, fueron también nuestras lágrimas. Ya no veremos la 10 con Messi arriba dentro de un campo de juego pero sí lo haremos fuera de él, en cada rincón del mundo. Y de eso se trata el cambio. “Todo cambia, pero no cambia tu amor. Todo cambia, pero no cambia mi amor. Pero no cambia el amor. Pero no cambia tu amor”. Así cierra Mercedes Sosa su canción con un infranqueable sentimiento de amor. Ese amor que quisimos darte y que también nos diste vos. Gracias Leo por esta historia hermosísima. Gracias por unirnos a todos bajo una misma melodía.

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