
La Fiesta Nacional de la Confluencia tiene sus detractores, eso es cierto. Que si hay otras prioridades, que si el tránsito es un caos, que si los stands para emprendedores son caros. Pero la verdad es que se trata de un espectáculo de nivel internacional al que mucha gente no podría acceder si no fuera gratuito y libre.
Muchas familias no pueden darse el lujo de pagar lo que salen las entradas a ese tipo de shows; muchas en esta fiesta es la primera vez que pueden disfrutarlos. Y eso también es un derecho.
También se benefician los locales gastronómicos de la ciudad, los hoteles, los mercados en cercanía de la zona ribereña, quienes viven cerca y aprovechan para vender comidas y bebidas a las personas que van o vuelven de la isla 132, entre otros.
Cuando termina la fiesta, la vida sigue y seguiremos reclamando las soluciones que se necesitan en esta mega ciudad que, como todas en el mundo, tiene sus inconvenientes.
Lo que sí: quien nos quita lo bailado?


