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El Niño marcará la primavera en Neuquén: qué se espera para los próximos meses

La primavera que comienza en el hemisferio sur estará marcada por la variabilidad del tiempo en Neuquén y el Alto Valle, con períodos ventosos, ingresos de aire frío y una mayor frecuencia de precipitaciones respecto de los valores habituales.

Así lo explicó Mauricio Gorostarzu, referente del Servicio Meteorológico Nacional en Cipolletti, durante una entrevista con Vuelta con Vos, de Radio Con Vos Neuquén, en la que brindó detalles sobre las condiciones que se esperan para los próximos meses y también sobre el comportamiento del tiempo para los próximos días.

Según señaló, el contexto está marcado por el fenómeno El Niño, que modifica la circulación atmosférica y puede favorecer el ingreso de sistemas frontales provenientes tanto del Océano Pacífico como del Atlántico.

Para septiembre, octubre y noviembre, la perspectiva indica precipitaciones por encima de lo normal en distintos sectores de la región, incluida la zona de la capital neuquina, el Alto Valle y la cordillera.

En las zonas cordilleranas, estos ingresos de aire húmedo desde el Pacífico pueden provocar lluvias y nevadas tardías, mientras que en el Alto Valle la consecuencia será una alternancia entre períodos de inestabilidad, viento, descenso de temperatura y algunas precipitaciones.

Una primavera con viento

El viento volverá a ser uno de los protagonistas de la estación. Gorostarzu explicó que los sistemas frontales que ingresan desde el Pacífico pueden generar períodos ventosos en la región.

En el corto plazo, el panorama anticipa una semana con viento fuerte. Para este miércoles 23 de septiembre se esperan ráfagas que podrían superar los 60 kilómetros por hora durante la tarde.

Para el jueves también se pronostican ráfagas fuertes, superiores a los 45 km/h, mientras que el viernes volvería a registrarse un período de viento intenso, con ráfagas que podrían superar nuevamente los 60 km/h en el Alto Valle.

Durante el fin de semana la intensidad comenzaría a disminuir, aunque todavía podrían presentarse períodos ventosos e inestabilidad.

Además, durante la noche del martes y la madrugada del miércoles existe probabilidad de lluvias débiles en el Alto Valle, aunque no se esperan acumulados significativos.

No se espera una primavera demasiado calurosa

Otro de los aspectos destacados por el especialista fue el comportamiento de las temperaturas.

Según explicó, no se espera una primavera particularmente cálida debido a la frecuencia con la que podrían ingresar masas de aire frío desde el Pacífico y el Atlántico.

Esto generará una primavera con variaciones marcadas de temperatura, alternando jornadas más templadas con períodos de descenso térmico.

Gorostarzu también explicó por qué el invierno tuvo temperaturas mínimas menos extremas de lo habitual. La presencia de nubosidad y humedad funcionó como una especie de capa que evitó que el calor acumulado durante el día se perdiera rápidamente durante la noche.

Por ese motivo, las heladas fueron menos frecuentes e intensas. La excepción fue el 2 de julio, cuando se registró uno de los días más fríos del año, con temperaturas cercanas a los 10 grados bajo cero.

¿Cuándo comienza la primavera?

El meteorólogo también aclaró una diferencia que suele generar confusión.

Desde el punto de vista meteorológico, la primavera comenzó el 1° de septiembre. Esta clasificación toma períodos completos de tres meses para cada estación.

En cambio, desde el punto de vista astronómico, la primavera comienza este martes 22 de septiembre a las 21.05, con el equinoccio de primavera en el hemisferio sur.

El Niño y su impacto en la región

Durante la entrevista, Gorostarzu explicó que El Niño comenzó a manifestar sus efectos en la circulación atmosférica durante el invierno y que puede tener incidencia también en el norte de la Patagonia.

Aunque sus efectos más importantes se concentran en el Litoral y sectores de la región central del país, la circulación de los vientos del oeste puede transportar humedad desde el Pacífico hacia la Patagonia.

Ese aporte de humedad favorece la formación de perturbaciones y precipitaciones en la cordillera y puede generar posteriormente consecuencias en los valles y zonas bajas.

La perspectiva, de esta manera, apunta a una primavera más húmeda, ventosa y cambiante, con períodos de precipitaciones, nevadas tardías en cordillera, descensos de temperatura y alternancia de jornadas más estables.

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