En un año caracterizado por la reactivación en Estados Unidos, el hundimiento del crudo replantea el futuro de la producción y el comercio internacional y pone en cuestión lo que se perfilaba como la apertura de un ciclo de mejoría de la economía en todo el mundo.

El crecimiento estadounidense, que puso sobre el tapete la posibilidad de iniciar un período de subas en la tasa de interés de la Reserva Federal en 2015, podría, a primera vista, favorecerse de la caída del crudo a niveles de 60 dólares el barril, su menor precio en cinco años.

Sin embargo, el descenso del precio del oro negro también amenaza con golpear a las empresas medianas que explotan yacimientos no convencionales (shale) en Estados Unidos y, por esa vía, crear un frente de crisis interno para la primera economía del planeta.

La mejora económica norteamericana es, con todo, casi el único elemento positivo que ha presentado el escenario mundial durante 2014, habida cuenta del lento pero firme deslizamiento de la Eurozona hacia la deflación y el estancamiento, así como el menor crecimiento en China, Japón y los países emergentes.

La situación europea ha generado un durísimo debate en la cúpula del Banco Central Europeo (BCE) cuyo presidente, el italiano Mario Draghi, pugna por lanzar un “quantitative easing” (estímulos monetarios masivos) al estilo de la Reserva Federal.

Esta iniciativa, que es rechazada por Alemania y sus aliados de Luxemburgo y Holanda, cuenta con apoyos crecientes en el seno de la Unión Europea (UE), en particular de los países del sur (España, Portugal, Italia y Grecia).

Pero el fracaso que ha sufrido esta orientación en Japón, donde el gobierno de Shinzo Abe no ha podido sacar al país de la deflación y el estancamiento a pesar de una agresiva emisión monetaria, crea dudas sobre sus efectos benéficos para Europa.

Estos temores a la hora de instrumentar esa política, sin embargo, podrían ser superados por un peligro mayor que se proyecta desde la deprimida Grecia.

Allí, la posibilidad cierta de un acceso al gobierno de la izquierda radicalizada de Syriza en probables elecciones anticipadas, ha precipitado una caída del 20% en dos días durante este mes en la Bolsa de Atenas, que arrastró a otras de Europa.

La virulencia de la crisis en el Viejo Continente se ha complejizado aún más por la devaluación del rublo en un 30% en los últimos tres meses debido al descenso abrupto del crudo, su principal producto de exportación e ingreso de divisas.

País “emergente”, a pesar de su condición de ex superpotencia durante la Guerra Fría, Rusia se suma así al pelotón de productores de crudo como Venezuela y, parcialmente, Brasil, donde se acelera la fuga de capitales y el estancamiento o la recesión.

En este sentido, el derrumbe del crudo ha actuado y actúa como un detonador y un acicante de la crisis internacional abierta en 2007-2008 y contenida desde 2010 hasta 2014, que ahora amenaza con adquirir una envergadura y una amplitud mayor.

Hasta el año que concluye, la vigencia de los altos precios de las materias primas, sumada al empuje de la economía china y de los países asiáticos, fue una contratendencia positiva a la parálisis primero de Estados Unidos y, posteriormente, de Europa y Japón.

Ahora, con este cambio de ciclo irreversible en los precios de los commodities, la confluencia del bajo crecimiento económico y de la recesión, según los casos, tanto en el centro como en la periferia, configuran un cuadro unificado de deterioro con la única excepción, de momento, de Estados Unidos.

La caída generalizada de las Bolsas, en Occidente y en Oriente, desde Wall Street hasta Shangai, y la pérdida del valor bursátil por miles de millones de dólares de las grandes energéticas como Petrobras, Gazprom, PDVSA y otras, refleja lo dicho.

La dura posición de Arabia Saudita y de la OPEP, que se niegan a moderar su oferta para permitir una subida del crudo, anticipan una fuerte pelea con otros protagonistas de la producción petrolera, en primer término Estados Unidos.

Y de ese choque político, que traduce un enfrentamiento por los intereses económicos diferenciados entre productores de crudo y entre un sector de la periferia y otro de países del centro, surgirán turbulencias económicas y financieras generalizadas.

En este sentido, el aspecto positivo de la caída del petróleo, al generar una transferencia de los grandes productores de Medio Oriente a los países occidentales y orientales no productores, podría empañarse debido al fuerte endeudamiento que caracteriza la actual fase de la economía mundial.

Así, el devenir del precio del crudo determinará buena parte del movimiento financiero, bursátil y del comercio exterior mundial, así como la evolución de las cotizaciones en el mercado cambiario en el año que termina en pocos días más.

(Fuente: Télam)